Sentí que estaba llena, que no quería más, que no me entraba más.
Recordé inmediatamente la sesión anterior con mi psicóloga, en la que le decía que estaba saturada, intolerante, que ya no me bancaba más nada.
Antes de llegar a la sesión, pensaba que la malla (de presoterapia que llevo puesta día a día y por muchos días más) me apretaba tanto el abdomen que no me entraba la comida. Apreta mucho la malla.
"No me entra la comida" le dije, "No puedo ni comer", "Debe ser la malla", seguí diciendo.
Ahora no tengo puesta la malla. Esta vez no comí con la malla puesta y tampoco me entra la comida.
No me entra más nada. Parece que no es la malla. Que estoy saturada pero no de comida. Que me siento aprisionada, ahogada.... y que no es por la malla.
¿La malla? No no nonono...
ResponderEliminarExisten esos días en que uno está hasta acá, de lleno, de harto, de saturado.
Y no entra más nada, claro.
El Profesor
La malla no es de veraneo eh....!
ResponderEliminarSe trata de una malla de presoterapia, como una remera, que tiene como función comprimir los vasos sanquíneos....
Otro día les contaré cómo llegué hasta la malla...