"Tu vida es mi vida" le escribió, pero con eso no alcanzó. A él igual se lo llevó. No pudo anclarlo a la vida, ni ella ser arrancada por la muerte.
Un dolor profundo la atravesó, casi como partiéndola en varios pedazos. No lo pudo decir, sólo lo sintió, no lo quiso decir, sólo lo calló.
Durmió noche tras noche queriendo no amanecer, sintiendo que los fantasmas de su infancia entrarían a su patio, como lo hacían desde hacía doce años. Pero no aparecieron.
Amaneció cada día por entre la suciedad de los vidrios, ni eso tapó el sol, ni eso apagó el día.
Levantarse, recordar, dormir para no recordar, dormir para morir, para no salvarse de la tragedia.
Pero como ni el comer funcionaba para desaparecer, buscó enloquecer en el lugar menos indicado. Creyó que la locura la ausentaría de su existencia. pero tampoco pudo. Alguien en algún lugar lleno de locuras, de dolores y penas la rescató. "Te salvaste de la tragedia" le dijo, "Tu número salió sorteado y es el ganador de una nueva vida". Y la tragedia, siguió de largo una vez más.
No hay fantasmas, no hay locura, no hay posibilidad de no poder, simplemente hay vida.
Y entendió que debía empezar de nuevo, con sus ausencias, con el vacío en el medio del pecho.
Un día el dolor cobró sentido. Era mucho dolor, demasiado decía ella. Sólo así, pudo dar vuelta la página y comenzar a escribir su nueva historia. Pero ya no era una tragedia, era solamente la novela de su vida, una vida que recién comenzaba.

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